Skip to main content

Posts

Datura

  Datura por Carla Lorien Székely Elisa aconsejaba a sus amistades más cercanas, a sus vecinas, a sus sobrinas o a quien viniera cargando una pena, no sentir culpa alguna por fallas banales o con pocas consecuencias. Cuando alguna de ellas comenzaba a lloriquear encima de las magdalenas y el té, Elisa le recomendaba abrir un libro de historia e indagar en todos esos actos monstruosos que la humanidad ha cometido; que se fijara a detalle si alguno de esos comandantes, reyes o emperadores sentían culpa después de masacrar a cientos o miles de almas inocentes. Eso sí era grave, eso no merecía el perdón de Dios ni de los santos; pero sentir culpa por alguna mentira piadosa, por alguna falta casual a la moral o una pequeña venganza de vez en cuando, no era grave en absoluto, al menos no lo suficiente como para darse golpes de pecho o rezar varios rosarios y liturgias de corrido a media tarde. Elisa se mostraba siempre como una persona pulcra e incapaz de cometer errores; aconsejaba a mu...
Recent posts

Cánticos de Muerte 1-4

  Cánticos de Muerte por Carla Lorien Székely Cánticos de muerte I Malva y  cerúleo, para adornar el lecho moribundo, Una estrella de nieve, que alumbre los pesebres, Morirán al frío celeste, Perecerán al alba incandescente, Sé que pasará, y cuando pase caerá la peste. Cánticos de muerte II Unos cuerpos violáceos, Que hierven al almez mediterráneo, Sucumben a la tentación, de una sepultura sin bendición, Enterraremos entre escombros y framboyanes, a aquellos que piensan en el cantar de los cantares, Aterrorizan sin pereza, sin juicio, sin destreza, a quienes deciden soñar mientras la vida perezca.  Cánticos de muerte III Si la muerte no cantara, en la noche entramada, Menta, Lima y cereza,  Para una sacarosa funesta, Edulcorante manifiesto, Fragancia de dulcamara y ajenjo, Un reposo intranquilo, un absceso, De restos sombríos, de blancos cedros. Cánticos de muerte IV Un respirar agitado, colapsar de venas, Caminos encontrados y callejas eternas, Ocotes colorados, de ...

Beau Sancy

Beau Sancy por Carla Székely Había un palacio. Algo similar aún puedo recordar…copas de cristal colocadas en forma piramidal en medio del banquete principal, candelabros que nunca destellaban luz ya que no necesitábamos más que del brillo de las velas para poder danzar en el gran salón. En los balcones se postraba con regularidad uno que otro cuervo que llegaba a admirar nuestros pasillos con paredes forradas de oro y tapiz borgoña. Las tartas del banquete destellaban con sinfín de frutos y miel y el ambiente se cargaba de inciensos árabes y talco, ya que las damas usaban cantidades exorbitantes de éste en el escote para relucir la blancura de su piel. De vez en cuando llegaba Monsieur Clavé, para ambientar la reunión con su habilidosa manera de tocar el clavicordio y el violín y por si fuera poco, también el violonchelo. De los espejos de mi habitación escurría pintalabios y champagne, la alfombra se cubría de plumas que se caían de los tocados de las mujeres y de los sombreros de sus...

Alfa y Omega

  Alfa y Omega Al principio pensé que había caído en un sueño, tal y como Alicia cae a un abismo y la lleva a un sitio que no concuerda con la realidad ni con la verdad. Era apenas un niño cuando por error se abalanzó sobre mí ese espacio sin tiempo y sin edad al que llaman “liminal”. ¿Tú qué sabes sobre aquellos mosaicos que no concuerdan en ningún diseño y que se tiñeron de moho? ¿Qué podrías entender sobre la alfombra que invade cuartos hexagonales y puertas fragmentadas? No me llevan a ningún lado y aun así sobreviven en mí; no tienen un destino ni un final, no tienen Alfa ni Omega y de todos modos habitan dentro de mi cabeza, no solo como un recuerdo. Esos rumbos me hacen creer que hay espacios vacíos también en mi ser y que, por alguna razón, me enfrentan a mis propios demonios; y cuando entro ahí, sé que me acechan desde alguna esquina errada, entre las grietas o atrás de las pinturas que yacen colgando de la pared y que retratan caras que nunca han visto la luz del sol y o...

Aria

  Aria No me encontraron culpable por error mío. No se me desvaneció de las manos un recuerdo tuyo, ni busqué regresar a tu casa para recordar lo acontecido; simplemente seguí adelante sin mirar atrás. Las marcas son como una fotografía sin materia. No sé si se podrían olfatear por animales capaces pero, sé que borré toda célula y toda señal de tu piel esa noche. Es como cuando un autor quema sus libros en la hoguera y decide desaparecer en algún bosque, dejando atrás sus últimos vestigios de vida. Recuerdo que usé diversos químicos, fue todo muy rápido. Mi mente se aceleraba con cada gota que tocaba el suelo; en la oscuridad, la sangre chocando contra los mosaicos era como un trueno que baja del cielo y anuncia la caída del ángel más bello. Aunque iba con la carga de la persecución, me mantuve con la cabeza fría. Si quería volver a hacerlo tenía que dejar pulcro el baño, el comedor y todo sitio que supo de ti. Fue agotador, pero no creo que nadie hubiera sido capaz de reconocer hu...

Tarot

  Tarot Nunca le temí al mazo. Cartas que indican fortuna, otras desdicha. Barajeas, crees que tiene sentido estar aquí, que no estamos a ciegas. Apareció la carta de la muerte y me reí. Hoy aquí sé que el destino es un rastro que persigue y no hay a quien no encuentre.

Las Hilanderas

Las Hilanderas por Carla G. Cortés No sé si era su andar. Su paso es de aquellos titanes de eras pasadas. No sé si era su susurro octogonal o su arrastre excitado lo que me hacía helar. Quisiera no temblar, pero es casi imposible al escuchar el rastro que deshace la madera y el papel al pasar. Recuerdo que la artista Louise Bourgeois veía el reflejo de su madre en estas, en lo amenazantes que son, en lo protectoras también, en cómo dormir sin bajar la guardia y en que hay que salir a defenderse sin pensarlo dos veces. No sé cómo se creó en mí dicho suspenso, sólo recuerdo haber visto una telaraña ligera en el marco de la ventana. Pensé que el viento la derribaría junto con la saliva y el rocío, más el polvo y la sedosidad. Creí que era frágil, un tejido asimétrico que resultaba de la tensión y el arranque, un manto que provenía del vientre ponzoñoso de un espécimen arácnido así de letal, pero no fue así. El aire tempestuoso no la logró deshilachar, no la tumbó por completo; sólo la des...