Skip to main content

Beau Sancy

Beau Sancy

por Carla Székely



Había un palacio.

Algo similar aún puedo recordar…copas de cristal colocadas en forma piramidal en medio del banquete principal, candelabros que nunca destellaban luz ya que no necesitábamos más que del brillo de las velas para poder danzar en el gran salón. En los balcones se postraba con regularidad uno que otro cuervo que llegaba a admirar nuestros pasillos con paredes forradas de oro y tapiz borgoña. Las tartas del banquete destellaban con sinfín de frutos y miel y el ambiente se cargaba de inciensos árabes y talco, ya que las damas usaban cantidades exorbitantes de éste en el escote para relucir la blancura de su piel. De vez en cuando llegaba Monsieur Clavé, para ambientar la reunión con su habilidosa manera de tocar el clavicordio y el violín y por si fuera poco, también el violonchelo. De los espejos de mi habitación escurría pintalabios y champagne, la alfombra se cubría de plumas que se caían de los tocados de las mujeres y de los sombreros de sus acompañantes y en realidad, todo en esencia era una fiesta desenfrenada que tachaba lo convencional y que se repartía por todos los rincones del palacio. 


Sin pensarlo, la brisa de la medianoche refrescaba aún más que los vinos de Burdeos y era más que necesaria cuando se ordenaba el exquisito y lujoso brebaje de chocolate caliente que se preparaba como se alteraba en Versalles y como lo degustaba la reina, Madame L'Autrichienne. El chocolate se bebía y se servía en tazas de porcelana porque a pesar de su espesor, reconfortaba la garganta con sus diversas especies y parafernalia de ingredientes como lo eran: la vainilla, el clavo y ámbar gris y se servía a un punto tan ardiente que sólo podría ser comparado a un beso de color carmín que  llega inesperadamente en algún callejón y acarrea violencia y arranque como pocos más. Entre joyas y risas cabía el cotilleo novedoso que usábamos como transacción para socializar y conocer personajes varios en la gran sala, y vaya que teníamos personajes frenéticos y escandalosos y suponíamos que seríamos próximamente los acusados de ser transgresores de la moral simplemente por ser hospitalarios con dichos miembros. Teníamos una fuente en medio del jardín y la rodeábamos con candelas flotantes y lirios, y cuando caía la lluvia veíamos desde el balcón, como reflejaba los relámpagos vulgares y amanecía el agua de ésta cubierta de enredaderas y ramas y los sirvientes corrían a limpiarla porque sabían que era de nuestros rincones más amados en todo el palacio. No quería más que recordar todas esas memorias que hoy parecen ser parte de otra vida, de otra época y se ven tan distantes y difuminados como las nubes del cielo al atardecer y por otra parte se sienten tan innatos y tan míos y obran parte de mi ser y mi solitud y parecieran mentiras por la belleza tan magnífica que conllevan, pero fueron y son aún hoy, parte de la existencia misma y de la vida que me inunda aunque yo parezca rechazarla una y otra vez, en el amanecer, en el rocío matutino y en el perdurar del tiempo.


Aún mis manos cuentan relatos y escriben otros más, aún por mis venas corre el frenesí y la inmoderación de cinco siglos atrás y en mi joven estado, mantengo la máscara de bailes y festines que ocurrían por encima de las reglas de lo tradicional y todavía me veo envuelto en una seda de sensualidad que nos permitía incorporar los más grandes lujos a nuestras vivencias y reinar sobre todos los que alzaban banderas de paz y monotonía. Mi aventura es la aventura de alguien que no temía dejarle deudas a la vida misma ni a su séquito religioso que siempre predicará en contra de nosotros, los monstruos de la noche y los bebedores de sangre por excelencia.

Jamás quise rebelarme en contra de las autoridades, la religión, sus seguidores, las monarquías…nunca he sido así a propósito, únicamente me declaro culpable de no fragmentar más la realidad y sus ideales y cuestionar aún más la esperanza de unos cuantos por prosperar y cumplir las expectativas de una historia más convencional y, ciertamente debería ser juzgado por mis noches de disipación y júbilo pero ¿por qué deberían acusarme de mis excesivos y despampanantes lujos y placeres?, realmente hacían justicia a mi inmortal penumbra y dañaban a nadie más que a mí. Me disculpo por mi doblegación ante las sedas con brocados y bordados con hilos de oro y plata, y el algodón egipcio que tanto admirábamos y con el que vestíamos nuestros almohadones y camas. Una cortesana que era muy cercana a nosotros nos regalaba polvo de bulbos de orquídea (traídos desde Estambul) para degustar en forma de té y el Conde de Troceau siempre nos consentía con diamantes cuando venía a los festines y eran tan parecidos al diamante "Beau Sancy" de la mismísima María de Medici; éste raro diamante fue un regalo de bodas del rey para ella en forma de pera, de una gran pureza química, constituido por el 100% de átomos de carbono, sin rastro de nitrógeno, logrando así, un diamante de tipo IIa con una transparencia excepcional. Tiene un corte en forma de rosa en el centro de sus treina y cuatro quilates de exuberancia y divinidad, majestuosidad como la que nos acompañaba todos los días y noches y nos amaba como la belleza ama al equilibrio y a la bondad y la ostentación nos perseguía como bestia salvaje y hacía de nosotros su presa perfecta. En esa época había mucho por poseer y mucho más por desear y las condesas y duques presumían de dichos artilugios en los bailes y congregaciones y nosotros éramos parte de ese mundo; éramos los príncipes de sangre que aunque se nos llamaba así, nuestras herencias no habían sido puestas ante nosotros por la ley, más bien, nosotros nos hicimos cargo de aquellos que poseían más de lo que podían recordar y estaban viejos y moribundos y a cambio de una vida inmortal eran capaces de dar todas sus joyas y palacios a nosotros y si no decidían darnoslos por su propia mano, entonces el trámite era forzado de maneras poco éticas, llegando incluso hasta la muerte.


El tiempo no me ha dicho que quiere que haga yo con él, entre la nostalgia y las épocas que van pasando de a poco, me encuentro a veces viviendo en sueños y cosas que recuerdo bien y que quisiera volver a vivir y quizás ese es mi mayor pecado: tener vida y no vivirla y amarla como lo hice alguna vez. Deseo tanto sentir la lluvia parisina y admirar las luces de la ciudad y recibir una de aquellas invitaciones a las grandes galas y comprar un ramo de peonias y ponerlas en la cama de Annelise y brindar juntos desde los ventanales de Chateau Montesiuex y volar por las callejas de Mónaco ó tener una cena exquisita en Roma pero, mi problema es que no tengo ya ese mundo que alguna vez fue y me aterra pensar que quedaré estancado en una modernidad que no me entiende y a la vez yo no la entiendo a ella ni a sus ruidosas calles con gente gritándole a los semáforos y sus bocinas que perturban a todos los vecinos, ni siquiera la música actual logro comprender y mucho menos la disfruto. Pero es cierto, el rey del tiempo soy yo y yo hago de él lo que me plazca, así ha sido siempre y encontraré algún bar con gente que disfrute de un buen puro o de la  ópera y se quedarán a escucharme contar esas “historias ficticias” maravillosas o esos relatos históricos de lo que se hacía en lustros pasados y creerán que tengo una gran imaginación o que estudié mucho sobre mundos perdidos y sólo yo sabré que su fascinación será para ellos una ensoñación más pero que para mí, son mi vida, mi recorrido y lo que siempre, inevitablemente, seré.

 

Comments

Popular posts from this blog

Luciérnagas

  Luciérnagas Revolotea de aqui a allá, Se cansa de jugar, Con los ojos abiertos, No se puede soñar, Entre los campos silvestres, Devora uno que otro fruto rojo, Bajo un girasol dormido, Dice que duerme pero con enojo, Un último vistazo a la luna, Susurra entre luciérnagas, Se ha perdido entre fulgores, La luna yace semi muerta, Se acurruca entre los nenúfares, Se acomoda para hacerse una cuna, Dormir no quiere, se enfurece, Mañana y otro día, es lo que quiere. L.C.Noctividus

Fugacidad

  Fugacidad Ábreme, Como la lluvia de abril, De par en par y sin pensar, Decídete, Así como las dahlias a la tierra, Como el humo al fuego, Como las serpientes a la hoguera, Arriésgate, Entre una pared y las horas, Mediante el tragaluz en Midian, Sonámbulo ante las antorchas, Disuelvete, Aunque de estaño insoluble sea tu piel, Aunque puro sea el bronce de tu pensar, Excavaciones sobre tu arder y tu amar, Rompete En medio del océano y de la tempestad, En mil fractales como tu costumbre es, Entre la fugacidad y la eternidad, Piensame Aunque el invierno venga por ti, Aunque de otoños haya que vivir, Y a las lunas se tenga que rezar. L.C. Noctividus

Lime and Anise

  Lime and Anise Im at unrest, Arrested by thy name, Through the hours and the flames, Revelations haunt me by days, Consign the seals for my bodies, And all that hides between manuscripts, Like hell unleashed waiting to be read, Red is the sin, red scarlet within a kiss, Cause its ending, All my souls are bound to one being, Tied and recovering from wandering, Like a golden string between my limbs, It is not fate, Is promise and debt, Sunset and licorice, Lime and anise, Turquoise and garnet. L.C.Noctividus