Karet
por Carla G. Cortés
¿Qué es una carta muerta? recuerdo el término como si fuera ayer. Una carta muerta es aquella que fue escrita y enviada pero su recepción no pudo completarse. El destinatario quizás, había cambiado de dirección, se había mudado a otro país o continente, tal vez, el destinatario ya no habitaba la piel conocida o simplemente había decidido retirarse por completo, por partes, por secciones, en diferentes peldaños de la existencia común.
Pienso que una carta muerta también es jugador en la ruleta del destino, probablemente esa carta no debía revelarse, al menos no en ese momento, algo en ella no contenía la suficiente justicia divina o quizás la culpa, el perdón, la confesión no merecía llegar a puerto, tal vez, la vida no lo quería así.
Cuando miro atrás, y vaya que no lo hago habitualmente, en realidad, no me estremece la verdad, no me dan escalofríos ni siento remordimiento voraz, cuando miro atrás sé lo que pasó y mi mente lo acepta, lo comprende ¿lo trasciende? probablemente sí pero ¿de qué manera? acaso ¿aun juguetea con ello mi mente? la respuesta es inconclusa.
Quisiera explicarle al destino lo que ocurrió ese día fuera de los días y decirle a la vida los pasos que llevaron a dicha circunstancia pero no puedo ponerlo en palabras, creo que ni tu ni yo podemos explicar el todo ni las partes, no podemos diseccionar y confeccionar un escenario realista por que mientras yo ejecutaba, tu te ibas.
¿Qué tanto razonamiento tenías en aquel instante? fue demasiado volátil, tú sabías lo que sucedía y yo también, aun así, la conciencia es algo más allá de nosotros y de nuestra capacidad intelectual. Sé que sucedió y aun así no me priva de sueño, no me lleva al extremo, no palidezco con el tiempo, no crece ni desaparece, lo veo como un momento o experiencia, una de esas memorias que esclarecen lo que de verdad llevamos dentro o somos y que se vuelven parte de nuestra sangre, de nuestras células con recuerdos, se vuelcan en nosotros como una avalancha sin precedentes, se hacen carne de nuestra carne.
Cambiarlo es imposible, no quisiera hacerlo realmente. ¿Acaso somos nosotros responsables en su totalidad de lo que vivimos y decidimos? o ¿es más bien un sendero ya predispuesto por millones de años y astros y dioses de muchos nombres, infortunios escritos en piedra por civilizaciones fugaces? ¿acaso tenemos total responsabilidad de nuestros actos? ¿de los desencadenantes? o ¿de nuestras fatalidades? oculto es el todo.
Tú querías jugar a algo, te encontrabas en un estado katatónico difícil de destruir, y yo simplemente estaba parada ahí, con una pregunta que me carcomía por dentro. Yo, mirándote, encontraba que eras la respuesta a la incógnita, al deseo, a estar parada justo en el borde entre la realidad y la fantasía y mientras avanzaba más y más la línea entre lo que era imposible de lo factible, ésta se desconfiguraba y se volvía cada vez más densa, cada vez más distante, apartado borroso, ¿está sucediendo ésto en realidad?- me decía mi mente una y otra vez.
Un vaivén de tragaluces que me permitían ser algo más, ser más yo, un profundo estupor mezclado con el vaho, un vapor de ensoñaciones y anhelos con el que me volvía cada vez más tu y en ti encontraba una sabiduría decodificada tan ancestral y tan animal que me revelaba lo que es luchar, sobrevivir, fingir un desmayo, parecer inmovil, aparentar lejanía. Después volver y tocar Tierra de nuevo y arder varias veces más fue algo anormal, no sé si la fuerza era la que me parecía candente o si realmente mi alma se corrompía, como lo llaman en la tradición judía “karet”, que significa excisión; una rotura que sucede a nivel álmico por diversas formas de corrupción a la misma, una desconexión del alma con su fuente divina, nunca más poder volver al estado primigenio, quizás eso me estaba sucediendo y la reparación no era ni será para mi alcanzable ya. Vivo con ello y está bien, no me considero un mártir, lo fui creo yo desde que pactamos que sucedería y ambas partes lo aceptaron. Tu aprendiste sobre la muerte y yo a su vez aprendí sobre una existencia pesada y tediosa que parece inmortal, era un trato.
No deseo más que ésta carta muera, lo que he escrito aquí te lo he dicho mil veces por las noches, al ver aves volar, cuando me siento y creo que la muerte se ha olvidado de mi.
No pido perdón, ni siento vergüenza sobre lo que podría considerarse una confesión. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra dicen. Pena sería pretender algo que no logré realizar o jactarme de ser poderosa, omnipotente, intocable. Energía de caos y vida versus la vida misma fue el resultado, porque, así de magnífica es en sí la existencia, tanto que puede ir en contra de sí misma, no en forma de traición pero sí como un reto, una conquista y puede plantearse experiencias que podrían considerarse grotescas o crueles como una mente que decide acabar consigo misma. Así es la vida, con dudas y tentaciones por resolver la pregunta que todos en éste mundo alguna vez nos hemos hecho y la conciencia en sí, quiere aprender y sentir y saber lo que sería abrir una ventana hacia lo más desgarrador e impuro posible. Una ráfaga de vitalidad es lo que fue, con lo que acabó todo.
De extraña manera pienso que, gracias a mi la gente te recuerda como alguien sensible, carente de impurezas, como alguien joven casi glorificada y no me sorprendería que uno que otro te considerara como obra de la santidad de la más alta clase. No sientas preocupación ya que siempre te recordarán como algo onírico y perenne, con una jovialidad que nunca perece, es gracioso pensar en ello, es demasiado hilarante ver lo que las personas cuentan tras tu partida.
No puedo decir si lo merecías o no o si yo lo merecía tambíen pero lo que sí puedo afirmar es que en el momento en el que lo deseé, apareciste. Tan noble y tan dispuesta, ahí, parada enfrente de mi puerta, deseando terminar, viendo el atardecer evaporarse. No hubo una apertura de caminos, ni una partitura que memorizar, lo pedí a la vida y eras la ofrenda perfecta, quizás sí me lo había ganado o tenía mérito para hacerlo realidad, no puedo estar segura pero hoy sé y desde ese día supe lo que era decidir con absoluta libertad y con restricciones nulas, fue casi como un jardín de juegos con el que sueñas incesantemente y que cuando se vuelve realidad, crees que estás soñando.
Cuando ésta carta muera en su versión más física posible, reestructuraré, edificaré, moldearé y me beberé todo lo que haya quedado en deuda, lo que el creador considere necesario. Sé que en su más alta conciencia, Dios comprende las razones y no me juzga por ello, sé que vive la experiencia de la cual fui partidaria y no me castiga por tener curiosidad e impulsos, evidentemente naturales. Sé que lo que hice también forma parte de una historia en la que todos escribimos día con día y que simplemente es evidencia de que hubo vida y que esa vida quería, al igual que Dios, entenderse a sí misma, en todas sus facetas, rostros y versiones infinitamente posibles. Cuando yo muera, sé que te encontraré y que sabrás reconocerme y que en medio de la ingenuidad y los terrenos paradisíacos del edén, tú me harás lo mismo a mi y será un laberinto interminable pero, si lo haces recuerda que no espero menos, no quiero algo con lástima o dolor, quisiera algo en lo que pudieras sentir la verdad y el ímpetu, el goce y la amplificación, la adrenalina y el temblor de cuando uno se vuelve Alfa y Omega a la vez, cuando el inicio y el final se hacen uno y cuando el latir convive frente a frente con el desmayo, cuando el preludio y el postludio son la obra en sí misma y espero que llegues a saberte indomable, inquebrantable, un ser que ha recibido y que ha arrebatado el todo, en todo, al mismo tiempo. Espero puedas comprender la inmortalidad y el peso de la misma, espero sepas llegar a término, deseo que te detengas cuando no quede más y que cuando no haya más que negrura, sepas apreciar el arte de la fragilidad y de los nuevos comienzos, de la sangre que no se detiene y corre a borbotones, la cual, será la mía, de la mente que se resiste a estar ausente, del aliento que sigue esperando más y de la entrega absoluta sin consentimiento, quizás convertida en obra sagrada dedicada al todo y a la nada, a Dios.
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