POEMAS PARA OFRENDAR IX: GRIMORIO
Que el mismísimo ajenjo,
venenoso por amor se vuelve,
Soñando con la vida misma,
De la muerte misma se prende,
Silbido, derrotado, silbido ahogado,
Por los ríos mismos de la sangre,
De las almendras ha aprendido,
Que con fuego juega y con fuego arde,
Con pachulí y polvo de lápida,
Conjura amores que matan,
Se los lleva bajo la almohada,
Conjura en sueños, conjura en cama,
Ya ni con romero y ruda,
se le cura esa tortura,
que trae siempre atorada,
desde la misma tumba.
C.L. Noctividus
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